Revista Vórtice #20 La Tierra y sus habitantes “Bacterias superresistentes: un peligro latente”

Bacterias superresistentes: un peligro latente

Raúl Omar Salazar Martínez * autor

¿Alguna vez te has preguntado qué son las bacterias? Éstas son los microorganismos unicelulares más pequeños que existen en la Tierra y pueden vivir en lugares donde otros seres vivos prácticamente no podrían durar mucho. Una gran cantidad de ellas son beneficiosas e inofensivas para el ser humano y varias se encuentran en la piel y el tracto digestivo, proporcionando un efecto protector del sistema inmune. Además, existen bacterias que se utilizan en procesos de fermentación en la fabricación de alimentos y en biofactorías para la producción de fármacos.

Pero no todas las bacterias son buenas, también existen bacterias patógenas, que son microorganismos capaces de provocar un gran número de enfermedades infecciosas. Una vez que entran al cuerpo, las bacterias patógenas se multiplican de manera exponencial, causando daño celular, produciendo toxinas y otras proteínas responsables de enfermedades, como infecciones por estafilococos, faringitis estreptocócica, gonorrea, algunos tipos de neumonía y enfermedades diarreicas, entre otras.

Estos microorganismos patógenos se pueden combatir a través del uso de antibióticos. Históricamente la penicilina fue el primer antibiótico, descubierta en 1928 por Alexander Fleming, redujo de manera significativa la mortalidad por enfermedades infecciosas. Hasta nuestros días se han desarrollado un gran número de antibióticos, que son capaces de destruir o impedir el crecimiento de ciertos microorganismos patógenos. A pesar de los grandes avances de la ciencia, los antibióticos cada vez son menos eficaces y esto se debe a las estrategias de supervivencia que han desarrollado las bacterias a través de mutaciones genéticas, volviéndose inmunes a la acción de los antibióticos más habituales; esta capacidad es la que da origen a las llamadas “bacterias superresistentes”, característica que se debe al uso incorrecto de los antibióticos, así como a la presión ambiental por el empleo de desinfectantes y antisépticos en nuestra vida cotidiana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) pone especial atención en bacterias de alto peligro, como Acinetocater, Pseudomonas, E. coli, Serratia, Proteus y varias enterobacteriáceas, por su alta resistencia frente a los antibióticos más potentes (tercera generación) y señala la gran importancia del desarrollo de nuevos antibióticos que sean capaces de atacar a aquellas bacterias que ya no pueden ser tratadas con los tratamientos actuales. Por fortuna, varios grupos de investigación trabajan en el descubrimiento y desarrollo de nuevos antibióticos que sean eficaces frente a las bacterias superresistentes, pero la lucha no es nada fácil, dada la gran diversidad genética de las bacterias y su extraordinario poder de adaptación.

Pero, ¿cómo se puede prevenir la resistencia bacteriana? Algunas de las estrategias que se deben considerar es el uso racional de los antibióticos, la forma de prescribirlos, la no automedicación y saber que los antibióticos son de uso exclusivo para tratar infecciones bacterianas y que no son eficaces para tratar virus, como los causantes de resfriados estacionales, la influenza y la gripe.

Cuando tu médico indique un tratamiento que incluya el uso de antibióticos, sigue las instrucciones al pie de la letra; los tratamientos inconclusos y prolongados aumentan significativamente la posibilidad de una infección resistente en el futuro.

La fármaco-resistencia es un problema de salud a nivel mundial y cada año aumenta el número de casos de muertes por enfermedades infecciosas, debido a que las terapias con antibióticos son cada vez menos eficaces.

Es de gran importancia crear conciencia del uso adecuado de los antibióticos y de esta manera asegurar una vida útil para futuras generaciones.

* Estudiante de licenciatura. Centro de Investigaciones Químicas, UAEM. omar.salazar1997@outlook.com

Revista Vórtice #20 La Tierra y sus habitantes “El agua: un recurso invaluable”

El agua: un recurso invaluable

Ma. Guadalupe Aranda Figueroa * autora

El desarrollo tecnológico, industrial y de servicios crece rápidamente, y con ello la demanda de recursos naturales. A su vez, la población es cada vez más numerosa, nunca antes en la historia de la humanidad los recursos naturales han tenido que soportar una demanda de poco más de 7 mil millones de habitantes.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que para el año 2050 la población del planeta se estabilizará en alrededor de 10 mil millones de habitantes, es decir, que por cada siete personas que vemos hoy, habrá 3 más. Pero el reto no es sólo por números; a medida que las sociedades se desarrollan, los patrones de consumo requieren de un mayor uso directo o indirecto de recursos, sobre todo tierra de tipo agrícola y agua dulce.

El agua potable es necesaria para cada organismo vivo en la Tierra. Se estima que de la cantidad total de agua, sólo el 2.5% es dulce y el 98.8% de esta agua se encuentra en el subsuelo o está en forma de hielo, y menos del 0.3% se encuentra en lagos, ríos y la atmósfera, siendo sólo esta cantidad la aprovechable para las actividades del ser humano. Por ello, podemos notar que el agua juega un papel vital en la economía mundial, por su amplio uso en la agricultura, sector que emplea aproximadamente el 65% del agua dulce, debido a los sistemas de irrigación ineficientes que ocasionan grandes pérdidas. Asimismo, el sector industrial consume el 25%, mientras que otros servicios urbanos, el uso en actividades domésticas y comerciales consumen aproximadamente el 10% restante.

Sin duda, uno de los problemas más críticos que vivimos en la actualidad es la escasez de agua, debido principalmente a la desproporción que existe entre la cantidad de agua generada en forma natural y la explotación de este valioso recurso. Además, en las últimas décadas, el sector industrial ha mantenido un rápido y continuo crecimiento, provocando el aumento en el consumo y la demanda de agua dulce para la realización de todos sus procesos, los cuales en consecuencia han aumentado los volúmenes de aguas residuales descargadas, provocando un impacto drástico en el medio ambiente.

En el Programa Nacional Hídrico 2014-2018, México contempla nuevas políticas y formas de gestión del recurso hídrico. El panorama del agua en México es preocupante, por lo que el gobierno de la república lo reconoce como un asunto de seguridad nacional, procurando el cuidado del agua y el saneamiento de las aguas residuales, y destaca que son metas relevantes a cumplir, enfatizando que la crisis del agua pone en riesgo el desarrollo que podría tener el país en los próximos años. Actualmente, el nuevo paradigma que enfrenta y tendrá que superar el hombre, es el mantener un desarrollo sostenible en materia de agua. Éste se basa en garantizar la satisfacción de las necesidades presentes de la sociedad, sin comprometer la satisfacción de las necesidades futuras, lo que significa un cambio en la forma de producir y de consumir, un cambio de actitud entre el hombre y la naturaleza, motivando a buscar sistemas de producción sostenibles, de bajos insumos naturales, de forma tal que mantengamos las reservas del capital natural.

La agricultura es otra de las actividades económicas de México que depende del clima. En el año tenemos época de lluvias y de estiaje (sequía); este último es uno de los fenómenos naturales que más daño causan a la población del mundo en general, incluso en zonas consideradas como lluviosas, por lo que estamos expuestos a su eventual ocurrencia. En México se han presentado sequías de manera frecuente y persistente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la última sequía reportada entre los años 2011 y 2012, afectó más del 80% del territorio nacional y causó pérdidas superiores a 16 mil millones de pesos tan sólo en el sector agropecuario; además, provocó serios problemas de desabasto de agua en las comunidades rurales de las regiones más áridas y vulnerables del país.

Por tanto, este recurso vital debe ser considerado como uno de los principales componentes del capital natural de una nación, y debemos analizar su uso racional, su reposición y su conservación, para garantizar la sostenibilidad de la estructura económica. Si bien hoy en día contamos con mayor conocimiento científico y desarrollo tecnológico para hacer frente a la crisis en materia de agua, es necesario complementarlo con una adecuada toma de decisiones, planeación estratégica e implementación de acciones, como el desarrollo y aplicación de tecnologías sustentables, cuidando atender los aspectos de carácter político, económico y social, que permitan adoptar medidas de regulación que conduzcan a una gestión apropiada del valioso recurso hídrico.

* Estudiante de maestría. Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería, UAEM. g.aranda.iq@gmail.com

Revista Vórtice #20 La Tierra y sus habitantes “Bueno, bonito y barato para la restauración”

Bueno, bonito y barato para la restauración

Yakin Acosta García * autor

Al mirar un paisaje, por lo general notamos los aspectos evidentes, los árboles, los ríos, las nubes, etcétera; sin embargo, esto es sólo a primera vista y nos limita saber si esa era la condición original. Este es el caso de los bosques del centro de México, los cuales prácticamente son desconocidos, lo que representa un sesgo para su valoración. En este contexto, hace algunos años, cuando comenzó mi acercamiento con la biología, de manera familiar hacíamos pequeñas caminatas por el bosque y eran notables las zonas sin árboles. Esto despertó mi curiosidad por saber la causa de esa condición y también saber si existía alguna forma para poder revertir el problema. Ante todo esto, un día de clases escuché el término “restauración ecológica”, que en pocas palabras significa «orientar los ecosistemas, como los bosques, los pastizales y los matorrales, para que tomen el rumbo natural»; y así fue que surgió un sinfín de preguntas, las cuales tenía que responder y por lo tanto, decidí trabajar con este tema.

En el camino aprendí por ejemplo, que en su mayoría, los proyectos de restauración han sido llevados a cabo en áreas con clima cálido y muy pocos en clima templado. Esto considerando solamente aquellos proyectos que retomaron los aspectos obligatorios de este tipo de acciones, como el uso de especies nativas —definidas como «aquellas especies que son locales»— y tomar como guía el modelo de sucesión ecológica, que se refiere al «cambio que se da en fases, de manera natural, en los ecosistemas que han sido afectados por alguna actividad humana o un desastre natural, como una erupción volcánica». Un problema común en este tipo de proyectos es confundir el término reforestar con restaurar; para aclararlo, definiremos la reforestación como la acción de plantar especies con crecimiento arbóreo. Es importante mencionar que la restauración ecológica no es una receta de cocina, pero sí debe seguir los conceptos antes mencionados, así seguramente tendremos menor cantidad de errores y será un poco más fácil llegar a nuestro objetivo.

Recapitulando, topamos con la realidad y comprobamos que la práctica es mejor que la teoría, ejemplo de ello es el corredor biológico Chichinautzin, ubicado en la porción norte del estado de Morelos, que está categorizado como área de protección de flora y fauna, y que presenta graves problemas de deforestación, donde se han invertido cantidades considerables de recursos económicos que no han tenido un efecto positivo. Ante la compleja situación en esta región, se desarrolló la alternativa para producir especies forestales nativas a un bajo costo económico y ambiental, además de generar plantas de alta calidad, lo que representa una probabilidad elevada de sobrevivencia. Todo lo anterior usando suelo de la región, aserrín y estiércol de ovinos en diferentes cantidades, elementos que son abundantes y de fácil acceso en la mayoría de los municipios que están incluidos en el corredor biológico y que a diferencia de los fertilizantes que se emplean en un vivero forestal tecnificado, no generan impactos negativos hacia el ambiente. Esta alternativa está orientada a aquellas personas interesadas en restaurar áreas que perdieron productividad agrícola a causa de la erosión, o que por no poseer la cantidad mínima de área de terreno, no son sujetos de programas financiados por la Comisión Nacional Forestal. Estas circunstancias son problemas comunes en dicha región. Con este difícil escenario, el camino resulta extenso, dando la oportunidad a la participación de todos los sectores de la sociedad en la importante práctica de la restauración ecológica, no con el fin de comprobar un gasto, sino con el objetivo de mantener los bienes y servicios ambientales, como la captura de carbono, la recarga de los mantos freáticos, la regulación del clima y la formación de suelo que el corredor provee a todo el estado de Morelos.

* Estudiante de maestría. Centro de Investigaciones Biológicas, UAEM. acosta.yakin@gmail.com

Revista Vórtice #20 La Tierra y sus habitantes “Hoteles verdes Un nuevo concepto de sustentabilidad turística”

Hoteles verdes Un nuevo concepto de sustentabilidad turística

Selina Valero Ortiz * autora

La ciudad de Cuernavaca, del estado de Morelos, es favorecida por un cálido clima, por lo que es conocida internacionalmente como “La ciudad de la eterna primavera”. Esto ha propiciado que miles de turistas nacionales e internacionales elijan al estado de Morelos y particularmente a Cuernavaca, como uno de los principales destinos turísticos de México.

Actualmente en Morelos existen 531 hoteles, lo que equivale a 13028 cuartos. Sin duda alguna, esta industria ha favorecido el crecimiento económico del estado, siendo un detonador del desarrollo local y regional a través de la difusión de atractivos culturales y naturales. Sin embargo, los impactos que estas actividades producen en el ambiente no se han cuidado y atendido adecuadamente. Se estima que la prestación de los servicios turísticos genera una serie de contaminantes por el uso de aires de enfriamiento, que emiten gases de efecto invernadero a la atmósfera; la contaminación de cuerpos de agua; cambio en el uso de suelo; extracción de agua dulce y uso de la agricultura para la elaboración de los alimentos, entre otros.

Para reducir estos impactos, en 1993 la Organización Mundial del Turismo propuso el término “turismo sustentable”, definido como el modelo que satisface las necesidades y expectativas de los turistas y al mismo tiempo protege la biodiversidad e integridad cultural de la región en donde se ubica.

Derivado de los efectos de deterioro ambiental que estamos presenciando a nivel mundial, los turistas, principalmente extranjeros, exigen con mayor frecuencia que los establecimientos estén alineados a este tipo de turismo .Según un estudio realizado por el Instituto Tecnológico Hotelero, el 90% de los viajeros elige un hotel sustentable, lo que ha propiciado un nuevo reto para las empresas turísticas, principalmente hoteles, ya que la gran mayoría de ellas no cuenta con instalaciones sustentables y se requiere de fuertes inversiones para poder implementar estas prácticas.

El panorama del estado de Morelos no es muy alentador a este respecto, actualmente sólo un hotel en Cuernavaca cuenta con el certificado de turismo sustentable. Esta situación indica la necesidad de sumar esfuerzos de gestión para el sector hotelero en nuestro estado. Apostar por su sustentabilidad mejorará el mercado morelense en materia turística, porque hoy en día el aspecto ambiental y sustentable se ha expandido y los turistas requieren de espacios naturales y ecológicos, que sean dirigidos por líderes responsables con el ambiente y la sociedad.

Ante esta situación, la Secretaría de Turismo de México (SECTUR), con el objetivo de crear destinos turísticos sustentables, implementó el Programa de Turismo Sustentable, el cual es una herramienta de planeación, mediante la aplicación de un sistema de indicadores de sustentabilidad, que permite a los dueños de las empresas turísticas tomar decisiones para mejorar las condiciones del destino en términos de desarrollo sustentable.

Pero, ¿qué es un hotel sustentable?

Para ser considerado un establecimiento de este tipo se deben adoptar medidas, de tal modo que se tenga el menor impacto ambiental. Para ello se tienen que implementar tecnologías para el ahorro de energía, como los paneles solares, iluminación led, calentadores solares y sistema de climatización eficiente; sistemas de ahorro de agua en sanitarios y regaderas; separar y reciclar residuos, utilizar productos biodegradables y consumir productos locales, entre otras muchas tecnologías que pueden ayudar a disminuir su huella ecológica. Además es necesario considerar la calidad de vida de los trabajadores, con un puesto de trabajo seguro y digno, en el que puedan asegurar su bienestar.

En la actualidad es necesario difundir temas ambientales, el sector hotelero es una oportunidad para ir creando una conciencia ambiental en los turistas, por lo que es necesario seguir estableciendo estrategias que en conjunto con los sectores educativos, gubernamentales y privados, impulsen el crecimiento del desarrollo sustentable en el estado de Morelos. Ante las necesidades de investigación y desarrollo en los servicios de hospitalidad amigable con el ambiente, actualmente en la Maestría en Ingeniería Ambiental y Tecnologías Sustentables, se están realizando investigaciones que contribuyen a la generación de conocimientos en este sector de importancia económica para el estado y el país.

* Estudiante de maestría. Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería, UAEM. sely.valero@gmail.com

Revista Vórtice #20 Ser humano “Patologías “programadas” La importancia de la nutrición durante el embarazo”

Patologías “programadas” La importancia de la nutrición durante el embarazo

Emma Sofía Pérez Gómez * autora

Durante años se tuvo la idea errónea de que el feto estaba a salvo de cualquier daño o enfermedad mientras se encontrara dentro del vientre materno, y que cualquier resultado de un mal desarrollo en el útero se manifestaría inmediatamente o en los primeros años de vida del bebé. Sin embargo, estudios demuestran que patologías tales como la diabetes mellitus II, trastornos hormonales o metabólicos e hipertensión arterial, entre otras, se relacionan con la nutrición y los cuidados de la madre durante el embarazo. México ocupa uno de los primeros lugares en sobrepeso y obesidad infantil en el mundo, y a lo largo de su vida, estos niños pueden presentar consecuencias y complicaciones que desencadenen enfermedades crónicas no transmisibles, tales como diabetes e hipertensión. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la diabetes es una de las 10 primeras causas de muerte en el mundo y la hipertensión arterial es la responsable del 50% de las muertes por cardiopatías o accidente cerebro vascular.

Es conocido por todas las madres, por ejemplo, que el ácido fólico puede prevenir malformaciones en el tubo neural del bebé; ellas comprenden la importancia de consumirlo en las primeras semanas de embarazo y así evitar este defecto que será identificado inmediatamente después del nacimiento. Sin embargo, hoy se habla de una nueva teoría, en la que se dice que durante su crecimiento dentro del útero, el feto es susceptible a los daños y estímulos que recibe la madre por parte del medio ambiente que le rodea, y que éstos pueden influir de manera permanente en la vida del individuo, lo que da origen a “bebés programados” para padecer estas enfermedades.

Si bien es preocupante que el recién nacido tenga un peso mayor a 4 kilos, lo cual lo catalogaría como bebé macroscópico y lo predispondría a padecer diabetes en edad adulta, es también de gran relevancia que el bebé nazca con una talla y peso bajos, ya que esta condición predispone al pequeño individuo a padecer hipertensión arterial y también diabetes durante su adultez. El bebé con un bajo peso o prematuro tiene una mayor predisposición a tratar de ahorrar los nutrientes como una respuesta fetal, para así conservar glucosa para el cerebro, lo cual puede ocasionar una deficiencia para producir insulina y posteriormente, en la edad adulta, presentar una posible diabetes mellitus tipo II. De igual manera, un recién nacido con bajo peso al nacer presenta mayor vulnerabilidad al ambiente y estilo de vida, y por tanto un riesgo mayor de hipertensión arterial, a diferencia de los nacidos dentro del peso adecuado e incluso de los bebés macroscópicos. Se trata de que el feto generará una respuesta propia como medio de defensa, debido por lo general a la falta de nutrientes. El feto sufrirá una adaptación metabólica, lo que provocará una limitación en su crecimiento, sin embargo, asegurará su subsistencia dentro del útero, a pesar del déficit de nutrimentos, pero lo programará para padecer enfermedades en su vida adulta. Ahí radica la importancia de una buena alimentación materna para evitar el nacimiento prematuro y el peso bajo al nacer, ya que éstos además pueden inducir a una disfunción vascular, destacando que la nutrición que recibe el feto en el útero le ayuda a regular el desempeño de los tejidos que tienen actividad en el metabolismo después del nacimiento.

Es importante destacar que la hipertensión arterial y la diabetes son patologías que pueden predisponerse durante el desarrollo in utero, pero al igual que en otras patologías, influyen otros factores, como el ambiente, la dieta y el ejercicio en la vida adulta. Sin embargo, es trascendental que desde el embarazo la madre tenga una nutrición adecuada y completa, ya que así es seguro prevenir que el infante padezca cierta patología a temprana edad o en la edad adulta. Sin dejar de mencionar que posterior al nacimiento, será también significativo que se lleve a cabo la lactancia, de manera que la leche materna sea el único alimento durante los primeros seis meses de vida del niño y que posteriormente sea complementaria a la alimentación hasta los dos años. Esta es la mejor manera de proporcionar a los infantes la nutrición adecuada para su crecimiento y desarrollo en los primeros años de vida.

* Estudiante de licenciatura. Facultad de Nutrición, UAEM. emmasofiap30@gmail.com

Revista Vórtice #20 Ser humano “Dieta cetogénica, una dieta que sí es milagro”

Dieta cetogénica, una dieta que sí es milagro

Laura Aline Viveros Ruiz * autora

En la actualidad podemos mencionar más de diez “dietas milagro” diferentes, las cuales prometen dar resultados favorables en un tiempo corto. Normalmente, el objetivo principal de estas dietas es la reducción de peso, fácil y sin actividad física. Otra de sus características es que la mayoría se basa en el consumo de un solo alimento (como la dieta de la manzana) o grupo de alimentos (sólo frutas y verduras, por ejemplo). Cabe mencionar que hacer una restricción en los grupos de alimentos puede ser perjudicial para la salud. Una dieta correcta debe cumplir con ciertos criterios, entre los que se encuentra ser completa, lo que quiere decir que debe incluir todos los grupos de alimentos: cereales, alimentos de origen animal, frutas, verduras, leguminosas, etcétera.

A continuación te contaré sobre una dieta que ha sido popular, ya que se ha dado a conocer como una dieta milagro, no sólo por sus resultados en la reducción de peso, sino también porque tiene grandes beneficios como tratamiento terapéutico, es la dieta cetogénica.

La dieta cetogénica (DC) es alta en grasas (hiperlipídica), con un aporte de proteínas adecuado (normoprotéica) y un bajo aporte de carbohidratos. Fue diseñada para el tratamiento contra las crisis convulsivas, propias de la epilepsia. Ésta es una enfermedad propia del sistema nervioso y puede deberse a múltiples factores (genéticos y ambientales), se caracteriza por la actividad eléctrica anormal en las células cerebrales (neuronas), como un corto circuito, provocando eventos convulsivos y pérdida del conocimiento.

A principios del siglo XX, desde la Clínica Mayo, el doctor Russel M. Wilder mencionó los efectos anticonvulsivantes del ayuno, a consecuencia de la producción de los cuerpos cetónicos (CC). Los CC son compuestos producidos a partir de la oxidación (o desecho) de las grasas y tienen como función principal brindar energía al cerebro en situaciones excepcionales, pues la principal fuente de energía del cerebro es la glucosa (carbohidratos) o coloquialmente conocida como azúcar.

La propuesta del doctor Wilder era realizar una dieta rica en grasas, de donde se obtendrían los CC, y pobre en carbohidratos, mostrando mejoría en los pacientes epilépticos. Fue entonces cuando nació la dieta cetogénica. Los resultados de esta propuesta se fueron difundiendo con el paso del tiempo, sin embargo, su uso se dejó a un lado por la aparición de los primeros fármacos para las crisis epilépticas (anticomiciales) y por la dificultad para mantener este tipo de dieta durante un tiempo prolongado. Sin embargo, hace poco más de 20 años se retomó el uso de la DC para el tratamiento anticonvulsivante, sobre todo en pacientes con epilepsia refractaria (ER). Ésta es aquella en la cual, a pesar de que los pacientes lleven una prescripción farmacológica adecuada, no presentan ninguna mejoría, incluso se ve todo lo contrario, al grado de que las crisis impiden un desarrollo apropiado en los pacientes, provocando un deterioro progresivo del sistema nervioso; este tipo de epilepsia se diagnostica en niños.

Lo que se busca al realizar una dieta cetogénica es semejar los cambios bioquímicos asociados con el ayuno y así conseguir el efecto que éste ejerce en el control de las crisis convulsivas. El organismo está sometido a un estado anabólico en el ayuno, de esta manera la DC lo obliga a utilizar los nutrimentos que se encuentran en más abundancia, las grasas, como fuente de energía.

En varias ocasiones se ha demostrado que los niños con ER que han llevado la DC, al menos 50% de ellos mostraron una mejoría significativa en sus crisis convulsivas. Cabe destacar que antes de iniciar con el tratamiento se debe evaluar al paciente, la DC no es igual para todos los pacientes, ésta debe ser individualizada, aunque su diagnóstico sea parecido. Existen variantes dentro de los rangos que se manejan en los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y lípidos), de los cuales se derivan los tipos de DC: DC clásica, DC con triglicéridos de cadena media, dieta Atkins modificada y dieta de bajo índice glucémico. Además, es necesario que durante los procesos de evaluación y tratamiento esté presente un grupo multidisciplinar (médico especialista, nutriólogo, enfermeras, psicólogo, etcétera) para adecuar el tratamiento y que así la intervención sea exitosa. En cuanto al tratamiento farmacológico, tiene que ir de la mano con la DC; también deberá de ser individualizado, ya que las crisis convulsivas son diferentes en cada paciente.

* Estudiante de licenciatura. Facultad de Nutrición, UAEM. laura.viverosr@uaem.edu.mx

Revista Vórtice #20 Ser humano “El sistema inmune en las buenas y en las malas”

El sistema inmune en las buenas y en las malas

Judith González Christen * autora

Todos los organismos vivientes estamos enfrentados a una gran diversidad de agresiones que alteran las funciones vitales, como pueden ser las radiaciones, los rayos ultravioleta, agentes químicos, como el plomo y el arsénico, o biológicos, como los virus y las bacterias. Las consecuencias pueden ser leves, que implican cambios que no alteran el desarrollo y las capacidades del organismo, o bien graves, como sería la pérdida de un órgano o parte del cuerpo, y hasta mortales. Ante esta gran variedad de riesgos, todos los seres vivos, ya sean microorganismos, plantas o animales, han desarrollado una serie de estrategias de prevención y reparación del daño; en los humanos se desarrolló el sistema inmune.

Cuando hablamos de un sistema nos referimos a un conjunto de diversas células, que dependen unas de las otras para cumplir funciones específicas. Así, el sistema inmune está formado por células que se generan en la médula ósea y pueden estar circulando en la sangre, los famosos leucocitos o glóbulos blancos, o bien localizarse en casi todos los órganos que forman el cuerpo. Los nombres específicos de estas células son: neutrófilos, monocitos, macrófagos, linfocitos B (que producen los anticuerpos), linfocitos T, células asesinas naturales (NK), células cebadas, eosinófilos, basófilos y células dendríticas.

Las funciones de estas células son:

  1. Vigilar que el cuerpo esté funcionando correctamente y que no haya destrucción de células ni presencia de células viejas o dañadas, así como detectar cuando un parásito ha ingresado al cuerpo.
  2. Si detectan algún cambio, dar una señal de alarma para limitar el daño y eliminar las células dañadas o los microbios.
  3. Diferentes tipos de leucocitos van a contraatacar. Así, si hay bacterias o células muertas, se las van a comer, pero si el agresor está dentro de una célula propia (como en el caso del cáncer), otros leucocitos van a hacer que sólo las células “enfermas” mueran. Los linfocitos B van a producir anticuerpos para marcar específicamente qué es lo que se tiene que eliminar, para que no haya errores. También hay un grupo de leucocitos cuya función es dar las órdenes adecuadas para que las demás células actúen cuando tienen que hacerlo.
  4. Cuando ya está controlado totalmente el daño, algunos leucocitos envían señales para que se mueran los leucocitos superactivados; de esta forma se evita que empiecen a atacar a las células sanas.
  5. Una vez que el peligro ha sido eliminado, se requiere reparar el daño. Para ello, algunas células “barren” los desechos celulares y secretan moléculas que permiten el crecimiento de nuevas células sanas y la regeneración del tejido.

Es así que el sistema inmune trabaja para protegernos de cualquier cambio en las buenas, pero en las malas…

En algunas personas pueden ocurrir reacciones inadecuadas que conduzcan a dos situaciones muy graves: a) que no haya suficientes células y moléculas para funcionar correctamente, a lo que denominamos inmunodeficiencias, o b) que fallen los mecanismos que evitan que los leucocitos ataquen a las células sanas, o autoinmunidad.

Las inmunodeficiencias se pueden deber a que los padres heredan alteraciones en los genes involucrados en la formación de algún elemento del sistema inmune, por lo que el bebé nace ya con defectos. Como vimos, son muchas células y moléculas las que participan, así que si se trata de una molécula que no es muy importante, la persona puede llegar a ser adulta, aunque sería propensa a infecciones y cánceres. Sin embargo, si el defecto afecta a una célula importante, le puede costar la vida en los primeros meses, ya que no es capaz de combatir infecciones.

En otras personas, esto puede ocurrir por agentes externos, como los virus, por ejemplo el VIH, que mata los linfocitos T y provoca el SIDA; o por medicamentos que destruyen las células que producen la sangre, como algunos utilizados para tratar el cáncer. Incluso el envejecimiento y la desnutrición pueden provocar inmunodeficiencias severas. Por eso, en estas personas son más frecuentes las enfermedades intestinales, respiratorias y el cáncer.

Por otro lado, el sistema inmune de algunas personas puede tener alteraciones que le impidan diferenciar correctamente a un agente extraño y peligroso, de uno que no causa algún problema. Es el caso de las alergias, o mejor llamadas hipersensibilidades. Por ejemplo, en algunas personas, los linfocitos B producen anticuerpos que se unen a una proteína del cacahuate, de forma que cuando el sujeto lo consume, se desencadenan señales de daño y se activa el sistema inmune. Pero, como no hay un verdadero peligro, termina dañando al propio organismo. Otra alteración se debe a que las mismas células de la persona atacan a su cuerpo. Por ejemplo, en las personas que tienen diabetes juvenil (o tipo I), se encuentran leucocitos que destruyen el páncreas, que es el que produce la insulina para controlar los niveles de azúcar en la sangre.

* Profesora Investigadora de tiempo completo. Facultad de Farmacia, UAEM. judith.gonzalez@uaem.mx

Revista Vórtice #20 Ingenio e innovación “¡Plantas al rescate! Los fitoinsecticidas”

¡Plantas al rescate! (de otras plantas) Los fitoinsecticidas

Blanca Perla Chávez Ríos * autora

Las plagas han estado presentes desde que el hombre comenzó a practicar la agricultura, que es la actividad más importante del ser humano desde tiempos prehistóricos. Cuando las poblaciones humanas eran nómadas, obtenían los alimentos de los lugares donde se asentaban temporalmente, pero a medida que las poblaciones se volvieron sedentarias, comenzaron a cultivar sus alimentos, y hoy la agricultura es una actividad económicamente rentable en muchos países emergentes, los cuales basan su alimentación en los productos agrícolas.

Los primeros controladores de plagas utilizados por el humano fueron los insecticidas de origen natural, porque bajo la observación, el hombre seleccionó aquellas especies que no eran gratas para ciertas plagas o insectos. Ejemplo de esto es el tabaco, el cual se ha empleado desde 1690 en forma de hojas pulverizadas o de extractos acuosos. Así también fueron empleadas desde 1800, por las tribus del cáucaso, las flores de Chysanthemus cinerariefolium, como insecticida para ahuyentar los indeseables mosquitos.

A partir de la segunda guerra mundial se introdujeron los plaguicidas de tipo orgánico sintético, porque se observó que al eliminar ciertas plagas, se reducían ciertas enfermedades transmitidas por éstas; por ejemplo, el uso del diclorodifeniltricloroetano, mejor conocido como DDT, se introdujo en 1942,y en años siguientes se comenzaron a usar herbicidas y otros compuestos organoclorados y organofosforados. Los plaguicidas sintéticos han sido efectivos, pues eliminan de forma rápida y eficaz las especies plaga.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente, es posible definir a un plaguicida como toda aquella sustancia tóxica, diseñada para interferir o modificar los mecanismos fisiológicos fundamentales en invertebrados, como insectos, artrópodos y arácnidos, y también en mamíferos, como por ejemplo roedores.

El uso excesivo e indiscriminado de los plaguicidas ha producido efectos negativos en el ambiente, como contaminación del agua, suelo y aire, y en la fauna de los agroecosistemas, ya que la toxicidad de estas sustancias afecta al organismo plaga y también a los insectos benéficos, como los depredadores y parasitoides, así como a polinizadores, los cuales mantienen el equilibrio de los cultivos. En humanos, se han reportado consecuencias graves en la salud, principalmente en quienes se encuentran en constante contacto con estas sustancias, como las personas que los fabrican o aplican, y secundariamente en consumidores de productos de la actividad agrícola, como las verduras y hortalizas.

Actualmente, la población humana es de más de 7 mil millones de personas, por lo que la demanda de alimento ha aumentado considerablemente y es necesario mejorar e incrementar la producción de los cultivos. Con la meta de la sustentabilidad, se ha buscado estudiar y desarrollar alternativas de origen natural, que sean capaces de combatir las plagas, esperando impactos en la salud y en el ambiente mucho menos perjudiciales o nulos. Un ejemplo de esto son los fitoinsecticidas o insecticidas derivados de plantas, cuyo potencial ha sido objeto de estudios durante los últimos años; éstos muestran un menor potencial que los plaguicidas comúnmente utilizados, pero son efectivos controladores de plagas, ya que en su mayoría presentan un efecto insectistático, es decir, que logran inhibir el desarrollo y comportamiento de los insectos, a diferencia de los insecticidas y plaguicidas comunes, los cuales tienen un efecto biocida, por sus propiedades tóxicas.

Para la producción sustentable de un fitoinsecticida, la especie a utilizar debe ser perenne, estar ampliamente distribuida y ser abundante o cultivable, requerir de bajo mantenimiento, no tener un alto valor económico y ser eficaz a bajas dosis. Se debe evitar utilizar las raíces o cortezas, y preferentemente se utilizan diferentes órganos renovables de las plantas, como hojas, tallos, flores o semillas; los órganos no utilizados o residuos generados pueden ser utilizados en otros procesos.

Desde el proceso de producción hasta su degradación en el ambiente, los fitoinsecticidas cumplen con los objetivos de la química ambiental y la ecología industrial. Son una tecnología ambiental viable para su uso en la agricultura, por lo cual es importante continuar estudiando familias y especies vegetales como fuentes para la producción de fitoinsecticidas. Por ello, en el laboratorio de Investigación 2, de la Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería de la UAEM, en colaboración con el laboratorio de Entomología del CeProBI-IPN, se estudian especies vegetales para la generación, uso y aplicación de fitoextractos como alternativas para el control de insectos plaga.

* Estudiante de maestría. Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería, UAEM. perlacr39@gmail.com