Revista Vórtice #19 Ser humano “Tecuani, el devorador”

Tecuani, el devorador

Raúl Valle Marquina * autor

La fauna constituye un elemento clave en expresiones religiosas, simbólicas y místicas. En diversas culturas se observa la presencia de especies animales con un papel importante en su forma de ver y explicar el mundo. Se les concibe como seres participantes en la creación, renovación y destrucción del universo; como aliados del hombre, al ayudarle a descubrir recursos para su beneficio; y como representaciones de dioses, llegando a ser figuras centrales en rituales. La fauna juega un papel preponderante al aportar numerosos elementos en la cosmovisión de distintos grupos humanos, lo cual se hace evidente en diversas manifestaciones culturales, como pinturas, esculturas, artesanías, leyendas, mitos y danzas.

La danza de los tecuanes

El término tecuani o tecuán (de origen náhuatl) se traduce literalmente como “el devorador” o “el que come gente”, haciendo generalmente referencia al felino más grande del continente americano: el jaguar, o también llamado tigre.

El jaguar (Panthera onca) es el felino que presenta históricamente la distribución más amplia en el continente americano. Habita desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina. Puede pesar hasta 160 kg y medir de 1.12 a 1.85 metros. Durante su actividad de cacería, puede atravesar caparazones de tortugas con sus poderosas mandíbulas o capturar presas de más de 200 kg, como cocodrilos. A pesar de ser un animal robusto, el jaguar es bastante ágil; puede desplazarse en un amplio territorio, saltar entre los árboles y nadar grandes distancias. Dichas características biológicas fueron determinantes para que las sociedades precolombinas hicieran del jaguar un referente simbólico en su cosmovisión, asociándolo con rituales, objetos sagrados y mitos.

La danza de los tecuanes representa una de las expresiones escénicas de la cosmovisión indígena mesoamericana, y aun cuando se desconoce con exactitud el lugar y época de su inicio, posee características que atraen la atención de los espectadores, por la interpretación teatral, humorística y de fiesta que se desarrolla durante su ejecución. Su trama se basa en la representación de los esfuerzos de unos cazadores por conseguir atrapar a un jaguar.

A pesar de que se han registrado variantes en Oaxaca, Veracruz, Chiapas y Centroamérica, esta danza tradicional se encuentra especialmente arraigada en comunidades campesinas e indígenas de estados del centro del país, como Morelos, Estado de México, Puebla y Guerrero, presentándose en distintas fiestas patronales y religiosas. De acuerdo con el historiador Óscar Cortés Palma, en esta zona la danza de los tecuanes se clasifica en cuatro variantes regionales: danza tipo Coatetelco (Morelos), tipo Acatlán de Osorio (Puebla), de los lobitos (Estado de México) y tipo Teloloapan (Guerrero), las cuales se diferencian por los personajes, el vestuario y las melodías con las que se bailan.

De las cuatro variantes regionales, la danza de los tecuanes tipo Coatetelco es la más interpretada, bailándose principalmente en comunidades de Morelos y Guerrero. Su nombre fue designado por el investigador mexicano Fernando Horcasitas al estudiar la danza en la comunidad indígena de Coatetelco, Morelos, en la década de 1970.

La trama general en esta variante comienza cuando el salvadorchi, o hacendado, encarga a su mayeso (ayudante) que capture al jaguar que ataca a sus animales. Sin embargo, al fracasar éste en el cumplimiento de la tarea, el hacendado contrata a cazadores (el lancero, el flechero, el trampero, el yerbero, el tirador y el rastrero, junto con sus perros), y con ayuda del ermitaño, quien es un sabio loco que conoce los montes, cazan al tecuani. El pitero es un personaje invariable en la mayoría de las versiones de la danza y es quien mediante una flauta de carrizo y un tambor toca las diferentes melodías. Otros personajes que aparecen en la trama son venados, zopilotes y doctores. Estos últimos curan a los heridos durante la búsqueda y el enfrentamiento con el jaguar.

En comunidades indígenas como Coatetelco, Xoxocotla, Alpuyeca, Ocotepec y Tetelpa, en el estado de Morelos, es considerada como una danza teatro, en la que aún se conservan los diálogos originales en náhuatl, sin embargo, en lugares de la región de la montaña de Guerrero, como Zitlala, la danza de los tecuanes representa una ceremonia ritual, en la que los tecuanis verdes y amarillos combaten tan fuerte que sangran, como un acto de sacrificio. El derramamiento de sangre tiene como finalidad la bendición de las semillas y la petición de lluvia para el temporal ante la Santa Cruz el 3 de mayo, lo que muestra una mezcla entre elementos prehispánicos y novohispanos.

Finalmente, vale la pena concluir que la recuperación y conservación de estas tradiciones, donde los elementos principales son representados por animales, no solamente ayuda a resguardar componentes de la identidad de las comunidades, sino también refuerza el valor sociocultural de la fauna, destacándola como elemento importante de las diferentes expresiones culturales.

* Estudiante de maestría. Centro de Investigaciones Biológicas, UAEM. rvallemarquina@hotmail.es