Revista Vórtice #20 Ingenio e innovación “¡Plantas al rescate! Los fitoinsecticidas”

¡Plantas al rescate! (de otras plantas) Los fitoinsecticidas

Blanca Perla Chávez Ríos * autora

Las plagas han estado presentes desde que el hombre comenzó a practicar la agricultura, que es la actividad más importante del ser humano desde tiempos prehistóricos. Cuando las poblaciones humanas eran nómadas, obtenían los alimentos de los lugares donde se asentaban temporalmente, pero a medida que las poblaciones se volvieron sedentarias, comenzaron a cultivar sus alimentos, y hoy la agricultura es una actividad económicamente rentable en muchos países emergentes, los cuales basan su alimentación en los productos agrícolas.

Los primeros controladores de plagas utilizados por el humano fueron los insecticidas de origen natural, porque bajo la observación, el hombre seleccionó aquellas especies que no eran gratas para ciertas plagas o insectos. Ejemplo de esto es el tabaco, el cual se ha empleado desde 1690 en forma de hojas pulverizadas o de extractos acuosos. Así también fueron empleadas desde 1800, por las tribus del cáucaso, las flores de Chysanthemus cinerariefolium, como insecticida para ahuyentar los indeseables mosquitos.

A partir de la segunda guerra mundial se introdujeron los plaguicidas de tipo orgánico sintético, porque se observó que al eliminar ciertas plagas, se reducían ciertas enfermedades transmitidas por éstas; por ejemplo, el uso del diclorodifeniltricloroetano, mejor conocido como DDT, se introdujo en 1942,y en años siguientes se comenzaron a usar herbicidas y otros compuestos organoclorados y organofosforados. Los plaguicidas sintéticos han sido efectivos, pues eliminan de forma rápida y eficaz las especies plaga.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente, es posible definir a un plaguicida como toda aquella sustancia tóxica, diseñada para interferir o modificar los mecanismos fisiológicos fundamentales en invertebrados, como insectos, artrópodos y arácnidos, y también en mamíferos, como por ejemplo roedores.

El uso excesivo e indiscriminado de los plaguicidas ha producido efectos negativos en el ambiente, como contaminación del agua, suelo y aire, y en la fauna de los agroecosistemas, ya que la toxicidad de estas sustancias afecta al organismo plaga y también a los insectos benéficos, como los depredadores y parasitoides, así como a polinizadores, los cuales mantienen el equilibrio de los cultivos. En humanos, se han reportado consecuencias graves en la salud, principalmente en quienes se encuentran en constante contacto con estas sustancias, como las personas que los fabrican o aplican, y secundariamente en consumidores de productos de la actividad agrícola, como las verduras y hortalizas.

Actualmente, la población humana es de más de 7 mil millones de personas, por lo que la demanda de alimento ha aumentado considerablemente y es necesario mejorar e incrementar la producción de los cultivos. Con la meta de la sustentabilidad, se ha buscado estudiar y desarrollar alternativas de origen natural, que sean capaces de combatir las plagas, esperando impactos en la salud y en el ambiente mucho menos perjudiciales o nulos. Un ejemplo de esto son los fitoinsecticidas o insecticidas derivados de plantas, cuyo potencial ha sido objeto de estudios durante los últimos años; éstos muestran un menor potencial que los plaguicidas comúnmente utilizados, pero son efectivos controladores de plagas, ya que en su mayoría presentan un efecto insectistático, es decir, que logran inhibir el desarrollo y comportamiento de los insectos, a diferencia de los insecticidas y plaguicidas comunes, los cuales tienen un efecto biocida, por sus propiedades tóxicas.

Para la producción sustentable de un fitoinsecticida, la especie a utilizar debe ser perenne, estar ampliamente distribuida y ser abundante o cultivable, requerir de bajo mantenimiento, no tener un alto valor económico y ser eficaz a bajas dosis. Se debe evitar utilizar las raíces o cortezas, y preferentemente se utilizan diferentes órganos renovables de las plantas, como hojas, tallos, flores o semillas; los órganos no utilizados o residuos generados pueden ser utilizados en otros procesos.

Desde el proceso de producción hasta su degradación en el ambiente, los fitoinsecticidas cumplen con los objetivos de la química ambiental y la ecología industrial. Son una tecnología ambiental viable para su uso en la agricultura, por lo cual es importante continuar estudiando familias y especies vegetales como fuentes para la producción de fitoinsecticidas. Por ello, en el laboratorio de Investigación 2, de la Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería de la UAEM, en colaboración con el laboratorio de Entomología del CeProBI-IPN, se estudian especies vegetales para la generación, uso y aplicación de fitoextractos como alternativas para el control de insectos plaga.

* Estudiante de maestría. Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería, UAEM. perlacr39@gmail.com