Revista Vórtice #20 Ser humano “El sistema inmune en las buenas y en las malas”

El sistema inmune en las buenas y en las malas

Judith González Christen * autora

Todos los organismos vivientes estamos enfrentados a una gran diversidad de agresiones que alteran las funciones vitales, como pueden ser las radiaciones, los rayos ultravioleta, agentes químicos, como el plomo y el arsénico, o biológicos, como los virus y las bacterias. Las consecuencias pueden ser leves, que implican cambios que no alteran el desarrollo y las capacidades del organismo, o bien graves, como sería la pérdida de un órgano o parte del cuerpo, y hasta mortales. Ante esta gran variedad de riesgos, todos los seres vivos, ya sean microorganismos, plantas o animales, han desarrollado una serie de estrategias de prevención y reparación del daño; en los humanos se desarrolló el sistema inmune.

Cuando hablamos de un sistema nos referimos a un conjunto de diversas células, que dependen unas de las otras para cumplir funciones específicas. Así, el sistema inmune está formado por células que se generan en la médula ósea y pueden estar circulando en la sangre, los famosos leucocitos o glóbulos blancos, o bien localizarse en casi todos los órganos que forman el cuerpo. Los nombres específicos de estas células son: neutrófilos, monocitos, macrófagos, linfocitos B (que producen los anticuerpos), linfocitos T, células asesinas naturales (NK), células cebadas, eosinófilos, basófilos y células dendríticas.

Las funciones de estas células son:

  1. Vigilar que el cuerpo esté funcionando correctamente y que no haya destrucción de células ni presencia de células viejas o dañadas, así como detectar cuando un parásito ha ingresado al cuerpo.
  2. Si detectan algún cambio, dar una señal de alarma para limitar el daño y eliminar las células dañadas o los microbios.
  3. Diferentes tipos de leucocitos van a contraatacar. Así, si hay bacterias o células muertas, se las van a comer, pero si el agresor está dentro de una célula propia (como en el caso del cáncer), otros leucocitos van a hacer que sólo las células “enfermas” mueran. Los linfocitos B van a producir anticuerpos para marcar específicamente qué es lo que se tiene que eliminar, para que no haya errores. También hay un grupo de leucocitos cuya función es dar las órdenes adecuadas para que las demás células actúen cuando tienen que hacerlo.
  4. Cuando ya está controlado totalmente el daño, algunos leucocitos envían señales para que se mueran los leucocitos superactivados; de esta forma se evita que empiecen a atacar a las células sanas.
  5. Una vez que el peligro ha sido eliminado, se requiere reparar el daño. Para ello, algunas células “barren” los desechos celulares y secretan moléculas que permiten el crecimiento de nuevas células sanas y la regeneración del tejido.

Es así que el sistema inmune trabaja para protegernos de cualquier cambio en las buenas, pero en las malas…

En algunas personas pueden ocurrir reacciones inadecuadas que conduzcan a dos situaciones muy graves: a) que no haya suficientes células y moléculas para funcionar correctamente, a lo que denominamos inmunodeficiencias, o b) que fallen los mecanismos que evitan que los leucocitos ataquen a las células sanas, o autoinmunidad.

Las inmunodeficiencias se pueden deber a que los padres heredan alteraciones en los genes involucrados en la formación de algún elemento del sistema inmune, por lo que el bebé nace ya con defectos. Como vimos, son muchas células y moléculas las que participan, así que si se trata de una molécula que no es muy importante, la persona puede llegar a ser adulta, aunque sería propensa a infecciones y cánceres. Sin embargo, si el defecto afecta a una célula importante, le puede costar la vida en los primeros meses, ya que no es capaz de combatir infecciones.

En otras personas, esto puede ocurrir por agentes externos, como los virus, por ejemplo el VIH, que mata los linfocitos T y provoca el SIDA; o por medicamentos que destruyen las células que producen la sangre, como algunos utilizados para tratar el cáncer. Incluso el envejecimiento y la desnutrición pueden provocar inmunodeficiencias severas. Por eso, en estas personas son más frecuentes las enfermedades intestinales, respiratorias y el cáncer.

Por otro lado, el sistema inmune de algunas personas puede tener alteraciones que le impidan diferenciar correctamente a un agente extraño y peligroso, de uno que no causa algún problema. Es el caso de las alergias, o mejor llamadas hipersensibilidades. Por ejemplo, en algunas personas, los linfocitos B producen anticuerpos que se unen a una proteína del cacahuate, de forma que cuando el sujeto lo consume, se desencadenan señales de daño y se activa el sistema inmune. Pero, como no hay un verdadero peligro, termina dañando al propio organismo. Otra alteración se debe a que las mismas células de la persona atacan a su cuerpo. Por ejemplo, en las personas que tienen diabetes juvenil (o tipo I), se encuentran leucocitos que destruyen el páncreas, que es el que produce la insulina para controlar los niveles de azúcar en la sangre.

* Profesora Investigadora de tiempo completo. Facultad de Farmacia, UAEM. judith.gonzalez@uaem.mx